Lo que nos ocupa...

La construcción de nosotros mismos, en plena dignidad  y disciplina con nuestra conciencia. Dificilmente, mejoraremos la sociedad, desde las miserias que el ser humano arrastra desde siglos, todo ha de iniciarse en el reforzamiento de la ética individual, para llegar a restablecer la moral pública.

Debemos forjar una voluntad firme para no seguir con este hundimiento.

¿Las modas y las tendencias, nos proporcionan algo positivo?

No será más bien que además de una herramienta para engrosar cuentas de resultados de grandes corporaciones, es un instrumento para domesticarnos, adocenarnos, alienarnos y sumergirnos en una estupidez absoluta?

Siempre me he preguntado, por qué el paradigma de la calidad, duración, robustez y utilidad de los elementos que añadimos a nuestra vida, sea el automóvil, la vestimenta, los electrodomésticos o la informática, ha sido substituido por la moda, el ser "inn", o la leve fragilidad de lo efímero, que según parece nos agrada.

Estamos convirtiendo a pasos agigantados, todo lo que tocamos, en débil, banal, perecedero y poco útil.

Pensemos como lo hicieron los que generaron el pensamiento que ha informado nuestra cultura, con seriedad y profundidad; nada puede darse desde dicha práctica, de fútil e inútil.

El consumismo, como motor del sistema capitalista.

El consumo es necesario, debemos vivir dignamenmte, pero desde mitades del pasado siglo, el abuso de consumo en la sociedad occidental, ha llegado a ser obsceno e inmoral.

¿Que nos ha sucedido? Hemos pasado del modelo capitalista de Max Weber, el capitalismo renano o el emanado por la moral reformista, a una modalidad de liberalismo salvaje que conducira a una estratificación y pobreza endémica,similar a la de la época final de la sociedad soviética.

Quizás una respuesta a dicha regresión, se halle en la exposición que encontraréis proximamente en una nueva página dedicada a Economía.

Pero... Volviendo al consumismo, inducido por la propaganda, - que no, publicidad- , es el elemento que mantiene a ésta versión pervertida del capitalismo inicial, a través de los consumos masivos, en funcionamiento.

Nuestro sistema socio- económico, hoy por hoy, no es sensible a ninguna consideración ética, para corregir ésta situación; y hay que añadir que a excepción de minorías concienciadas, nuestra sociedad, tampoco.

El exceso de sociabilidad como patologia.

Actualmente tendemos al gregarismo, lo compartimos todo, lo comentamos todo, teorizamos sobre la necesidad de los otros y hemos construido un complejo entramado social, en el que resulta casi imposible desenvolverse solo. Quizas reflejamos el miedo a conocernos a nosotros mismos, sin máscaras, sin autoengaños, sin fábulas sobre nuestra propia naturaleza.

Nuestra sociedad ha adoptado con un cierto desenfado modos del Extremo Oriente, especialmente en lo referente al estilo de vida, a la filosofía, al sentido religioso de trascendencia, y en parte también a la filosofía del arte.

Esta adopción, sin embargo es superficial, y en ocasiones utilitaria, como demostraría el distinto talante con que los orientales practican sus artes marciales, a como lo realizan los occidentales.

La contemplación de la naturaleza en sí misma, para poder mediante la meditación introducirse en su esencia y compartirla, tiene pocos seguidores en nuestra sociedad, sujeta al tiempo como elemento primordial de nuestra existencia, pero no el tiempo en su totalidad, sino una parte del tiempo, el que nos permite realizarnos a través de la acción. De ahí esa ansia de permanecer joven, activo, y si ya no se vive en ese estadio de la existencia, tendemos en Occidente a disfrazarnos de jóvenes.

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